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El mar.

Como todo lo que se pierde, no lo valore lo suficiente hasta que no lo tuve mas , Hasta que ir a él significaba horas de viaje,hasta que las olas del pacifico parecieron tan lejos que aunque cierre los ojos y me concentre antes de dormirme ya no puedo sentirlas.
Crecí a diez minutos del mar, en un pueblito, en medio de la playa de los ricos y el mar sustento de los pobres. Llolleo, una playa olvidada pero que nos servía de patio trasero para nuestras clases de deporte, escapada segura para los que querían perder clases, destino final de un parque también olvidado, que siempre cruzaba casi corriendo llena de miedo de la jauria de perros hambrientos o que apareciera algún gitano y terminara robada por ellos , como me decía mi nani.
La primera vez que lo extrañe fue cuando me mudé a Santiago, y las vacaciones del resto eran ahí donde yo llamaba casa. Estaba a sólo dos horas , a una semana, pero el abandono de sus olas , la ausencia de su viento me agitaba el corazón p…

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